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Uber

Mientras Uber ha decidido cerrar de momento su negocio en España debido a las dudas legales que plantea su servicio y las reticencias que ha generado, acaba de ganar en San Francisco el premio a la startup revelación de 2014 en los Annual Crunchies Awards, una suerte de Oscars de las TIC. Pero sus problemas legales se extienden por la mayoría de países donde se ha instalado.

Se podría comenzar con críticas al oscuro negocio del taxi. Con su mercado negro de licencias, el cual creo que habría que erradicar. No se debería permitir el tráfico de licencias. Estas pertenecen a los ayuntamientos y no a personas ni empresas. Si un trabajador del taxi se retira o se jubila, su plaza debería volver al ayuntamiento para que la vuelva a adjudicar mediante un mecanismo público

Se podría continuar con alabanzas a los nuevos modelos de negocio que proliferan a partir de Internet y las redes sociales. Y volver a las críticas de quienes pretenden poner puertas al campo, proteger sus privilegios o coartar la libertad individual.

El primer punto de reflexión, es que cualquier persona que realice una actividad económica debe respetar las leyes fiscales de su País, y en España eso incluye estar dado de alta como autónomo o empresa y pagar el IVA e IRPF correspondiente. Esto aplica tanto a Uber como a los particulares que ofrecen el servicio de vehículo con conductor.

El segundo punto estaría en las normativas de cada ciudad para realizar transporte de viajeros, la cual, también hay que respetar. Y aquí podríamos abrir el auténtico debate.

Y el tercero sería el uso de las nuevas tecnologías para dinamizar servicios y economía. Hacer una aplicación al estilo Uber, no es muy complicado, y de hecho en España ya existen opciones como myTaxi o Hailo. Esto sin quitar mérito a Uber. Pero su mérito está en su amplia comunidad, más que en la tecnología.

Particularmente, en un momento social en el que reprochamos a grandes empresas transnacionales sus técnicas de ingeniería fiscal y la existencia de intermediarios que no aportan valor a las cadenas de negocio, la defensa de una empresa de California que pretende generar ganancias a costa del trabajo de profesionales locales o pequeñas cooperativas, me parece todo un atrevimiento.

Lo que se hace necesario es, primero actualizar e intentar homogeneizar un servicio fundamental para la movilidad de las ciudades; y segundo, promover entre estos profesionales el acceso a las nuevas tecnologías, pero no como un mantra de modernismo, sino como una herramienta de mejora de su servicio.

Una reflexión al margen sería necesaria para hablar de BlaBlaCar, que sí puede considerarse un ejemplo de inteligencia colectiva, donde lo que se busca no es cobrar por prestar un servicio, sino compartir gastos en un desplazamiento. Y hasta aquí creo que la ley ni puede ni debería llegar.

El próximo debate se abrirá cuando Google pretenda prestar un servicio de transporte de pasajeros con sus coches sin conductor. Pero para eso aún faltan unos años y mucha regularización por llegar

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